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Fiesta de la Bruna 
La energía de un acontecimiento inolvidable

Si vais a Matera entre fines de junio y principios de julio podréis asistir a un acontecimiento tan importante para la espiritualidad de la ciudad como pleno de emociones. Un acontecimiento que une y involucra profundamente a todos los habitantes de Matera, que por algunos días viven una fiesta vista y contada en todo el mundo.

La Fiesta di Maria Santissima della Bruna es una de las fiestas religiosas más antiguas del sur de Italia, instituida en 1389 por Papa Papa Urbano VI, que fue arzobispo de Matera.

Se desarrolla todos los años entre fines de junio y principios de julio, pero alcanza su apogeo el 2 de julio, cuando ante la procesión de los pastores los habitantes de los antiguos barrios se despiertan al amanecer para saludar el Cuadro de la Virgen, a cuyo paso se lanzan morteretes pirotécnicos. La estatua de la Madonna della Bruna es trasladada a la Iglesia de Piccianello y después, por la tarde, es llevada en el carro triunfal por una recorrido que atraviesa las calles de la ciudad, entre la multitud que espera su paso con conmoción. Por la noche el carro da tres vueltas en la plaza del Duomo y la estatua, seguida por el Obispo, el clero y los fieles materanos, es devuelta a la Catedral. Pero la fiesta no termina aquí. El carro, obra de arte fruto de maestros del cartón piedra, una vez que ha sido despojado de la estatua es asaltado y destruido por los habitantes que tratan de coger cada uno un trozo, como una señal de buenos auspicios.

Una parte importante de la fiesta, con mucho impacto escenográfico, es la presencia de los caballeros que durante la jornada recorren las calles de la ciudad escoltando el carro. Son aproximadamente cien y lucen ropas decoradas, con coraza, yelmo y capa en terciopelo o raso.

Más tarde, cuando no ha quedado nada del carro, se puede asistir al gran espectáculo de fuegos de artificios que iluminan los Sassi.

“A magghj a magghj a l’an c’van” quiere decir  “Que el año próximo vaya de lo mejor”. Es un típico proverbio campesino que cada año marcaba el final de la fiesta de la Bruna. Pronunciado después de la destrucción del carro, expresaba el deseo de poder admirar otro hermoso carro también el año siguiente.